Expresiones de la Defensa del Mundo Rural en México y Colombia. Soberanía Alimentaria, Educación y Territorio

La obra Expresiones de la Defensa del Mundo Rural en México y Colombia. Soberanía Alimentaria, Educación y Territorio, coordinada por Blanca Olivia Acuña Rodarte y Sergio Elías Uribe Sierra, se presenta como un aporte fundamental para comprender las dinámicas de resistencia y permanencia en los espacios rurales latinoamericanos frente a modelos de desarrollo extractivista y planificación territorial excluyente. A partir de una perspectiva comparada, los autores exploran cómo las comunidades de México y Colombia han construido estrategias colectivas para defender sus territorios vitales, amenazados por concesiones estatales, megaproyectos de infraestructura, actividades mineras y energéticas, así como por la violencia estructural y el desplazamiento forzado. Más allá de la oposición puntual a proyectos externos, la defensa rural se articula como un proyecto civilizatorio centrado en la consigna de “permanecer, vivir y producir”, donde la reapropiación del espacio vital, la producción local de alimentos y la preservación de saberes comunitarios se erigen como pilares de la resistencia.
 
El primer eje temático aborda la soberanía alimentaria desde múltiples experiencias que evidencian la centralidad de la producción local y el rol activo de distintos sujetos sociales. A través de estudios de caso, se analiza cómo las comunidades enfrentan la presión de sistemas hegemónicos mediante prácticas agroecológicas, el autoabasto y la diversificación productiva. En Colombia, se destaca la trayectoria histórica del movimiento campesino y la figura de las zonas de reserva campesina como alternativas de bienestar frente a la concentración de la tierra. En México, se examina la racionalidad campesina en Zacatecas, las transformaciones del ambiente alimentario en Oaxaca y el protagonismo de las mujeres en Veracruz y el Valle del Mezquital, donde la agricultura comunitaria y las prácticas culinarias se convierten en ejes de autonomía, preservación cultural y resistencia frente a injerencias externas. Estos capítulos demuestran que la soberanía alimentaria no es solo un concepto técnico, sino una práctica política y cultural que fortalece la cohesión comunitaria y la autodeterminación local.
 
El segundo y tercer eje amplían la mirada hacia la educación rural y la lucha por el territorio como dimensiones inseparables de la defensa socioterritorial. En el ámbito educativo, se explora cómo las comunidades de Xochistlahuaca, Guerrero, enfrentaron los desafíos de la pandemia mediante estrategias pedagógicas situadas que revelan tanto las brechas tecnológicas y económicas como la capacidad de innovación educativa intercultural. Respecto al territorio, la obra documenta procesos de reapropiación y resistencia en contextos diversos: la defensa de la cosmovisión y el cuidado del paisaje por parte del pueblo chichimeca jonáz en Guanajuato, la reorganización de campesinos y pescadores frente a la represa El Quimbo en Huila, Colombia, y la gestión comunitaria del agua por jóvenes en el Estado de México. Estos estudios muestran que la defensa territorial se entrelaza con prácticas de sustentabilidad ecosocial, construcción de lo común y organización colectiva, reafirmando el agua, la tierra y la cultura como bienes inalienables frente a la mercantilización y el despojo.
 
Una de las mayores fortalezas de la obra radica en su enfoque comparativo sin homogeneizante, que permite identificar patrones estructurales de despojo al mismo tiempo que respeta las particularidades históricas, étnicas y organizativas de cada contexto. La articulación de los tres ejes demuestra una comprensión holística de la defensa rural, entendida como un proceso de reproducción social y transmisión intergeneracional de saberes. Además, la inclusión explícita de mujeres, jóvenes y pueblos originarios enriquece el análisis y rompe con narrativas tradicionales que suelen invisibilizar a estos actores en los estudios territoriales. Metodológicamente, la apuesta por estudios de caso empíricos y sistematizaciones cualitativas otorga rigor y cercanía etnográfica a los fenómenos estudiados, aunque la obra podría haberse beneficiado de un capítulo conclusivo que sintetizara explícitamente lecciones políticas comparadas o dialogara de manera más directa con marcos teóricos contemporáneos en ecología política y feminismos comunitarios. No obstante, la coherencia argumental y la densidad empírica de los capítulos cumplen esta función de manera implícita y efectiva.
 
En conjunto, Expresiones de la Defensa del Mundo Rural en México y Colombia constituye una contribución valiosa y oportuna para los estudios rurales, la sociología del territorio, la educación intercultural y los movimientos socioambientales en América Latina. Al documentar y validar la permanencia como acto político, la obra cuestiona narrativas desarrollistas que naturalizan el despojo y propone, desde las voces de quienes habitan el campo, alternativas concretas de soberanía alimentaria, educación situada y gestión comunitaria del territorio. Su lectura resulta altamente recomendable para investigadores, estudiantes de ciencias sociales, formuladores de políticas públicas y, especialmente, para actores comunitarios y organizaciones que buscan fortalecer sus estrategias de resistencia y construcción de paz territorial. En un contexto de acelerada crisis climática y financiera de la naturaleza, este libro se erige como un referente indispensable para repensar el desarrollo desde la justicia territorial, la autonomía comunitaria y la defensa de la vida.
 

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